Francia no resolverá su crisis de vivienda únicamente multiplicando las restricciones. También debe aumentar la oferta de alquiler. Eso exige un enfoque práctico centrado en los incentivos, la claridad jurídica y la confianza.
El punto de partida es simple: un mercado de alquiler que se reduce perjudica a todos. Los propietarios dudan en invertir, los inquilinos se enfrentan a la escasez, las administraciones locales afrontan tensiones y los sistemas de vivienda social absorben una presión que no pueden soportar indefinidamente.
Restaurar la confianza de los arrendadores
La primera condición para aumentar la oferta es la confianza. Los propietarios deben saber que los contratos se harán cumplir, que los impagos se tratarán rápidamente, que los daños serán compensados eficazmente y que el marco jurídico no cambiará cada pocos meses. Sin esta seguridad mínima, muchos propietarios preferirán la vivienda vacía, la venta u otros usos.
Simplificar la fiscalidad y los procedimientos
La vivienda francesa está cargada de impuestos superpuestos, diagnósticos, declaraciones y obligaciones cambiantes. Una política orientada a la oferta debería simplificar los regímenes, estabilizar las reglas y reducir la distancia entre el discurso político sobre las necesidades de vivienda y el desaliento práctico impuesto a los propietarios privados.
Fomentar la renovación sin castigar la propiedad
Mejorar el parque de viviendas es esencial, pero debe hacerse mediante trayectorias realistas. Los propietarios necesitan reglas estables, acceso rápido a las ayudas, empresas fiables y calendarios compatibles con sus finanzas. La ambición ecológica debe vincularse a la viabilidad económica, no separarse de ella.
Apuntar contra los abusos, no contra la propiedad normal
Francia debería concentrar su poder coercitivo en los arrendadores indignos, el fraude y la negligencia grave. El propietario ordinario que ofrece una vivienda decente no debería ser tratado como un problema que neutralizar. Un país que quiere más viviendas debe dejar de enviar el mensaje de que alquilar una propiedad es por defecto una actividad sospechosa.
La oferta de alquiler solo volverá a crecer cuando la política pública deje de hablar como si necesitara a los arrendadores mientras legisla como si quisiera deshacerse de ellos.