Un análisis documentado y de libre acceso en homenaje a Philippe de Villiers, autor de J’ai tiré sur le fil du mensonge et tout est venu (Fayard, 2019).
Todo empezó con una entrevista. Al ver a Philippe de Villiers en CNEWS presentando su libro, me sorprendieron dos cosas: la seriedad de los elementos que exponía sobre los orígenes estadounidenses de la construcción europea, y la violencia de los ataques que recibió por parte de una parte de la prensa, del mundo académico y de las instituciones europeas.
Quise entender. En lugar de sumarme por reflejo a un bando u otro, decidí investigar. Leí los archivos citados, verifiqué fuentes académicas anglosajonas, examiné los contraargumentos de la Fundación Jean Monnet, del colectivo de académicos europeos publicado en Le Monde, del historiador Édouard Husson, del periodista Thomas Mahler en Le Point, y del programa Les Idées Claires en France Info y France Culture. Este análisis de 35 páginas es el resultado de ese trabajo.
Qué contiene este análisis
Se trata de una investigación metódica, basada en archivos públicos — Hoover Institution en Stanford, Lamont Library en Harvard, Fundación Jean Monnet en Lausana y National Archives de Estados Unidos en College Park — y apoyada en trabajos académicos de referencia: Richard J. Aldrich, de la Universidad de Warwick, la biografía de Jean Monnet escrita por Éric Roussel, Frances Stonor Saunders y Ambrose Evans-Pritchard en The Daily Telegraph.
El análisis aborda sucesivamente el contexto histórico de la posguerra y del Plan Marshall, el papel del American Committee on United Europe (ACUE) y de sus dirigentes procedentes de la OSS y de la CIA — William Donovan, Allen Dulles, Walter Bedell Smith y Thomas Braden —, los flujos financieros documentados hacia el Movimiento Europeo y el Comité de Acción de Jean Monnet por los Estados Unidos de Europa, las biografías complejas de Robert Schuman y Walter Hallstein, y las consecuencias estructurales de esta historia para la Unión Europea contemporánea.
Se presta especial atención a un examen riguroso de los contraargumentos académicos — Fundación Jean Monnet, colectivo de académicos europeos, Édouard Husson, Thomas Mahler, France Info y France Culture — para distinguir el hecho establecido de la interpretación discutida y de las zonas de incertidumbre histórica.
La síntesis honesta en cinco puntos
SÍ, la influencia estadounidense sobre la construcción europea entre 1948 y 1960 fue masiva, secreta, organizada y financieramente documentada. No es una tesis conspirativa; es un hecho histórico establecido por archivos públicos y reconocido por investigaciones académicas independientes.
SÍ, la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller y el American Committee on United Europe (ACUE), directamente vinculado a la CIA, financiaron la puesta en marcha del Movimiento Europeo. Las cifras son precisas: el 53,5 % del presupuesto del Movimiento Europeo fue financiado por el ACUE en 1958, y más del 90 % del presupuesto de la Campaña Europea de la Juventud entre 1951 y 1953.
SÍ, los intereses estadounidenses eran explícitos y estaban documentados en las directivas del Consejo de Seguridad Nacional de 1949 a 1953: crear un bloque europeo lo bastante fuerte para resistir al comunismo soviético, pero no lo bastante independiente para convertirse en una potencia autónoma capaz de desafiar a Estados Unidos.
NO, eso no significa que “Europa fue creada por la CIA” en el sentido de que Monnet y Schuman fueran simples agentes pagados. La construcción europea también respondía a aspiraciones europeas reales: reconciliación franco-alemana, paz continental y mercado interior.
PERO, y este es el punto decisivo, estas dos dimensiones no se excluyen. La construcción europea fue a la vez un proyecto europeo sincero y un proyecto que se benefició de financiaciones y orientaciones estadounidenses que moldearon duraderamente sus características estructurales: funcionalismo tecnocrático, atlantismo estratégico, orientación librecambista y desconfianza hacia las soberanías nacionales.
Por qué esta cuestión merece plantearse hoy
Comprender los orígenes reales de la construcción europea no es un acto de nostalgia ni de resentimiento. Es un acto de lucidez democrática. Si los ciudadanos franceses no comprenden los orígenes reales de la institución europea en la que su soberanía nacional se ha disuelto en parte, no pueden debatir democráticamente el futuro de esa institución.
El silencio oficial que rodea los orígenes estadounidenses de Europa no es neutral: sirve para presentar como “europeo” lo que fue en gran parte “estadounidense”, y por tanto para impedir el debate sobre lo que haría falta para que Europa volviera a ser plenamente europea.
El análisis inventaría también los temas sobre los que Francia ya no decide plenamente hoy — zonas de bajas emisiones, certificados de rendimiento energético, mercado de la energía, inmigración, OGM, glifosato, libre comercio internacional, sanciones diplomáticas, reformas de pensiones, euro digital, cartera EUDI, Chat Control, y otros —, así como posibles caminos para 2027, en coherencia con el Plan de Ruptura y Restauración del Estado publicado en abril de 2026.
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